Jóvenes privados de libertad que volvieron a empezar

SANTO DOMINGO. “Muchos me tildaron de loco cuando volví al reformatorio como voluntario para uno de los cursos”, revela Alexander Espino, exrecluso del antiguo Centro Najayo Menores condenado a un año de prisión por robo pero solo cumplió ocho meses por buen comportamiento.
Cuando entró al correccional le tomó varias semanas saber qué giro daría su vida. “Cuando supe que funcionaba un centro de capacitación, me inscribí en varios cursos porque quería trabajar cuando saliera”, dice.

Luego de agotar su condena, se sentía desorientado porque no contaba con mucha aceptación, particularmente en su comunidad, que pronto le asignó el estigma de “el preso”.
No fue hasta pasadas dos semanas que recibió una llamada de la encargada del programa “Volver a Empezar” en la que le informó sobre una visita domiciliaria para darle seguimiento. “Ella quería saber en qué yo estaba, me gustó que se preocupara por mi y ahí decidí entrar como voluntario en el programa”, añade.
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